Primera versión en Rebelión el 10 de mayo de 2023

La emergencia climática en la que estamos inmersos debería llevar a poner sus aspectos esenciales al alcance del gran público, pero los artículos de divulgación sobre este asunto en los medios no es frecuente que unan claridad y exactitud. En vez de eso encontramos muchas veces, con un abrumador dominio en las redes sociales, escritos de escaso rigor que ayudan poco a tomar conciencia de lo que estamos haciendo con nuestro planeta. La complejidad del problema plantea un gran desafío, pero es cierto también que en esta era de información globalizada se han creado para abordar el reto herramientas de discusión valiosas, cuya existencia merece ser divulgada.

El calentamiento global de la superficie terrestre en los tiempos recientes es un hecho bien estudiado, y existe un amplio consenso entre los científicos en que es producido en gran parte por las actividades humanas. Hay autores sin embargo que defienden otros orígenes para el aumento de temperatura, y ello debería invitar a un sosegado contraste de criterios en busca de la verdad que a todos nos interesa saber. Mi objetivo aquí es recordar un capítulo de estas discusiones entre climatólogos que en mi opinión sirve muy bien para poner de manifiesto cuál es la mejor estrategia de avance en el conocimiento.

CO2 y temperatura: los datos del problema y la explicación comúnmente aceptada

Datos bien contrastados indican un aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera en los últimos tiempos. Respecto a las causas de este incremento, suele atribuirse un papel importante a la quema de combustibles fósiles. Por otra parte, las medidas de una enorme cantidad de sensores que registran la temperatura de la superficie terrestre son sintetizadas por los científicos en datos globales, con lo que la variación de esta magnitud es también conocida. La evolución de ambos parámetros se muestra en la Fig. 1.

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Figura 1.- Variación de la concentración de CO2 y la temperatura global en los últimos tiempos. (Imagen cortesía de Zfacts.com).

Comparando las dos curvas, se observa que ambas muestran una tendencia creciente, aunque es notable la diferencia entre el aumento bastante regular de la concentración de CO2 y las numerosas fluctuaciones de la temperatura. Respecto al significado de estas irregularidades, hay que decir que se explican sin problemas por procesos bien estudiados de la atmósfera y la hidrosfera. Los máximos ocurren en los años en que se da el fenómeno de El Niño en el océano Pacífico, caracterizado por cambios en las corrientes oceánicas que dificultan el acceso de las aguas frías profundas a la superficie. De la misma manera, los mínimos térmicos se relacionan con los años en los que la perturbación es la conocida como La Niña, en los que la situación es la inversa, con un enfriamiento de la superficie del océano.

Al actuar el CO2 como un gas de efecto invernadero en la atmósfera, el escenario descrito ha sido interpretado habitualmente proponiendo que el aumento de la concentración de este gas contribuye de forma importante al incremento general de temperatura observado.

Una propuesta heterodoxa

Entre los modelos alternativos al que se acaba de esbozar, voy a resumir a continuación uno que me parece especialmente interesante por el debate a que dio lugar. Su autor es Lon Hocker, un físico norteamericano, y fue publicado en 2010 en la web Watts up with that?, la más visitada sobre calentamiento global y cambio climático. El artículo completo puede leerse aquí.

Partiendo de los datos expuestos en la Fig. 1, Hocker realiza un tratamiento de la curva del CO2, a la que calcula su segunda derivada. Después proyecta en una gráfica (Fig. 2) un patrón de variación de las anomalías de temperatura que construye a partir de esta derivada, frente a la anomalía observada de temperatura.

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Fig. 2.- Variación en el tiempo de la anomalía de la temperatura observada (azul) y de la obtenida a partir de la segunda derivada de la concentración de CO2 (rojo). Según Hocker (2010).

La similitud entre las dos curvas es muy clara, y ello lleva a Hocker a afirmar como conclusión de su artículo que al existir una correlación entre los máximos de El Niño y el patrón de variación de CO2, y teniendo en cuenta que los primeros, obviamente, no son causado por el segundo, la relación inversa debe ser cierta, es decir que son los procesos térmicos en el Pacífico los que determinan la concentración atmosférica de CO2, justo al revés de lo que suele admitirse. Según él es la temperatura la que regula los cambios de CO2, y no al revés.

La discusión de la propuesta: abierta, educada y de alto nivel

Sólo dos días después de la publicación del artículo de Hocker en Watts up with that?,apareció una nota con una discusión sobre él en Skeptical Science, otra web que se presenta con el lema: “Getting skeptical about global warming skepticism”. El texto viene firmado por “Ned” y puede leerse aquí. Tras repasar el proceso de cálculo seguido por Hocker, el autor de la discusión concluye que éste no tiene pruebas de que la temperatura afecte al nivel general creciente de CO2, pues éste ha sido excluido de su modelo al calcular la derivada. La única conclusión válida de la correlación entre curvas mostrada por Hocker es que la temperatura puede producir variaciones de la concentración atmosférica de este gas a una escala muy corta. Esto era ya conocido y obedece a una razón simple, como es que la temperatura del océano modifica la solubilidad del CO2 en él.

Resulta interesante comprobar que, lanzado el desafío, durante varios días se sucedieron hasta cien réplicas y contrarréplicas, muchas de ellas bastante extensas, con intervención de un buen número de especialistas, entre ellos por supuesto Hocker. Toda la polémica puede consultarse a continuación de la nota con la discusión en la web de Skeptical Science y se caracteriza por un alto nivel físico y matemático y una gran cordialidad. Se demuestra aquí una vez más la utilidad de este tipo de debates, sobre todo en procesos como los que se estudian en este caso, con interrelaciones causales complejas y difíciles de establecer. El cálculo es sin duda una gran herramienta para poner en evidencia conexiones, pero es fácil también apresurarse a inferencias que no se ajustan a los hechos.

Después de la dilatada controversia, queda claro que la causa más razonable del calentamiento global sigue siendo el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera provocado por los seres humanos. Trabajos más recientes de diversos autores exploran la posibilidad de que la cobertura vegetal de la Tierra pueda estar actuando como un mitigador de los desequilibrios globales y haciendo que el incremento térmico observado sea menor de lo que cabía esperar según los modelos. Aquí otra vez una matemática rigurosa es el único instrumento para atisbar estas relaciones.

En una situación de emergencia como la que vivimos, resulta preocupante la proliferación de argumentos poco consistentes que ponen palos en las ruedas de la toma de conciencia. En el otro extremo, foros de análisis y discusión como el que ofrece Skeptical Science, con su agilidad y alto nivel, asumen el gran reto de combatir la desinformación y divulgar los detalles de un asunto endiabladamente complejo pero en el que nos va la vida.