Primera versión en Rebelión el 1 de septiembre de 2012

Es indudable que una de las expresiones más inhumanas del régimen económico impuesto en el mundo en nuestros días es la muerte de hambre en un solo año de muchas más personas que las asesinadas en los campos de exterminio nazis. Los detalles de esta masacre son sin embargo bastante desconocidos y es por ello que la edición reciente de un libro cargado de datos y argumentos y que abordan la cuestión de forma clara resulta enormemente valiosa. Nos referimos a “El negocio del hambre” del sociólogo y poeta Felipe L. Aranguren (Icaria, 2012), un iluminador viaje por los círculos de este infierno, cuyos capítulos breves y demoledores no se dilatan en circunloquios. Sintetizaré a continuación los distintos aspectos tratados en la obra.

El escenario

Nos encontramos ante un mercado de alimentos que está en gran parte en manos de multinacionales que funcionan con criterios de pura rentabilidad. Instituciones como la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial operan en realidad al servicio de estas empresas. El resultado: 1000 millones de personas en nuestro planeta en situación de inseguridad alimentaria y 30 millones de muertes al año (muchos de ellos niños). Tengamos en cuenta sin embargo que sólo con lo que se tira en el primer mundo podría alimentarse al doble de la población que pasa hambre.

Las grandes corporaciones imponen sus precios a través de la manipulación del mercado e incrementan sus beneficios condenando a la pobreza a los agricultores en muchos casos. Impiden además la sindicación de los trabajadores, llegando para ello al asesinato. Se ha impuesto de este modo un esquema en el que países del tercer mundo que se autoabastecían son obligados a producir para el primer mundo y comprar a este los alimentos procesados. La consecuencia de esto es la pauperización de muchas naciones y el hambre. Empresas químicas y de maquinaria agrícola y semillas intervienen también para maximizar ganancias, haciendo que el uso indiscriminado de pesticidas, aditivos, conservantes, etc. suponga un riesgo para la salud.

Biocombustibles y transgénicos

La irrupción de los biocombustibles ha agravado enormemente el problema. Por ejemplo, el precio del maíz se ha multiplicado en pocos años por 2. La ética es vencida por la lógica del mercado. Los animales y plantas manipulados genéticamente son objeto de patentes que generan dividendos. Nada escapa al hambre de Moloch. Pero se carece de datos acerca de los efectos sobre la salud humana de consumir seres vivos tratados de esta forma. Hoy día los alimentos, fertilizantes, etc. se producen en un contexto global de máxima rentabilidad sólo a corto plazo. Al mismo tiempo, se destruyen ecosistemas y economías locales y se provocan millones de víctimas mortales.

Pesca

Según Greenpeace, el 49 % de la pesca mundial es ilegal, no declarada y no regulada. En la actualidad se imponen técnicas que deterioran gravemente los ecosistemas e impiden la recuperación de los caladeros, además de arruinar a los pescadores que utilizan artes tradicionales. Condenados al hambre, los que defienden sus derechos son tildados de piratas.

Acaparamiento de tierras

El acaparamiento de tierras es otro problema. Países como Corea del sur, China o los países árabes compran grandes extensiones en África, Sudamérica y Asia. Así se producen biocombustibles y alimentos para la exportación. La población local es gravemente perjudicada, al ser expulsados o tener que trabajar en pésimas condiciones. Los que tratan de organizarse para defender sus derechos pacíficamente son asesinados. Las elites se lucran. El caso de Colombia es paradigmático: deportaciones, miseria, miles de muertos.

Agua

La privatización del agua que se está produciendo en muchos lugares significa que un recurso insustituible, y con frecuencia escaso, es sometido a las leyes del mercado, el imperio de la codicia. Las empresas hacen su negocio y las protestas de los agraviados son reprimidas, muchas veces salvajemente.

 

Especulación con alimentos

La causa de la hambruna de 2007 y 2008 hay que buscarla en catástrofes naturales exacerbadas por la dictadura financiera que padece el mundo. No es cierto que exista una escasez real de alimentos, lo que hay en realidad es un encarecimiento debido a la especulación. La crisis inmobiliaria ha llevado a los desalmados que gobiernan el planeta a traficar con alimentos. Las fluctuaciones aumentan las ganancias y quienes quieren hacer negocio saben bien como provocarlas. Sólo en 2010, el precio de arroz pasó de 400 a 1000 $ la tonelada. Entre 2005 y 2008, el precio de los alimentos subió casi un 80 %.

Commodities

Las commodities son los productos en bruto que luego han de ser elaborados: petróleo, alimentos, metales, granos o ganado. En los últimos años son objeto de movimientos especulativos cada vez más intensos que multiplican los precios. El mecanismo es complejo y se explica en detalle en el libro, pero sintéticamente podemos decir que el mercado financiero ha hincado el diente a las commodities, y estas se han convertido en meros instrumentos para producir dividendos. A nadie le importa que la muerte de millones de personas sea un efecto colateral de esto.

Soberanía alimentaria

En un capítulo final del libro se reflexiona sobre este concepto, que reivindica el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas de producción, distribución y consumo que garanticen la alimentación de la población. Diversas organizaciones trabajan en la actualidad para diseñar estrategias concretas que podrían frenar la deriva catastrófica que sufrimos y revertir la situación.

En el imperio de un infame Moloch que se alimenta de sangre humana, se trata de promover ideas tan justas y sensatas como:

1) Condonación de la deuda odiosa de los países empobrecidos.

2) Fomentar el derecho a la propiedad de la tierra por parte de los campesinos.

3) Desarrollar formas de cultivo sustentables y respetuosas con el medio ambiente.

4) Crear legislación internacional que penalice la especulación con alimentos.

Esta es una agenda que puede parecer utópica, pero es estrictamente necesario que las medidas que podrían paliar la situación actual estén planteadas de forma clara. Sólo esto pondrá de manifiesto el carácter inhumano y criminal de los gobiernos e instituciones que sabotean cada día estos esfuerzos.